Los brasileños votan el domingo ante una encrucijada: otros cuatro años bajo el gobierno del veterano izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva o el regreso de la derecha de la mano del senador Flávio Bolsonaro.
Es la última batalla electoral para Lula, que cumplirá 81 años la próxima semana y espera lograr una remontada después de perder el primer turno ante el hijo del expresidente ultraderechista Jair Bolsonaro.
Las últimas encuestas muestran un empate técnico, con una ligera ventaja para el senador. Ambos candidatos tienen niveles de rechazo que alcanzan casi la mitad de la población.
El balotaje determinará si Brasil se mantiene como gran reducto de la izquierda en América Latina o si se suma al giro regional hacia la derecha impulsado por Donald Trump.
El presidente estadounidense hasta ahora no ha respaldado abiertamente al hijo de su aliado.
Lula aspira a un cuarto mandato no consecutivo y se ha presentado como un baluarte contra una injerencia de Estados Unidos y un protector de la democracia en este país de 214 millones de habitantes.
Flávio Bolsonaro, de 45 años, promete endurecer la lucha contra la delincuencia, recortar el gasto público y aliviar el costo de vida.
"Estamos en un pozo, la situación está fea, el pueblo casi no puede comer, comprar carne ya ni pensarlo", dijo a la AFP Tereza Cristina Ramos, una jubilada de 68 años que camina con bastón, en el mismo local en Rio de Janeiro donde votará el candidato conservador.
Bolsonaro se ha presentado como más moderado que su padre, que cumple una condena de 27 años bajo arresto domiciliario por un intento de golpe de Estado tras perder las elecciones de 2022.
Pero también ha prometido que, si resulta elegido, su primer acto será liberar a Jair Bolsonaro, su "brújula".
Tras la derrota en la primera vuelta, la izquierda se movilizó con multitudinarios mítines bajo el lema "Nunca más Bolsonaro".
Los manifestantes recordaron la gestión de la pandemia de covid, que dejó 700.000 muertos, la devastación de la selva amazónica y los recortes a los programas públicos durante el mandato del ultraderechista.
La deforestación de la mayor selva tropical del mundo ha alcanzado su nivel más bajo en cuatro décadas bajo el gobierno de Lula.
"Brasil necesita más tiempo de Lula, principalmente porque el país está a punto de caer en las garras del fascismo", dijo a la AFP Maria Fernanda Elisbao, una asistente de una editorial de 21 años, que votó en el mismo lugar que lo hará el izquierdista en Sao Bernardo do Campo, en el estado de Sao Paulo.
Los centros electorales cerrarán a las 17H00 locales (20H00 GMT) y los resultados se esperan pocas horas después.
Lula, admirado por sus programas sociales que sacaron a millones de personas de la pobreza, regresó al poder tras 12 años en las elecciones de 2022, después de un escándalo de corrupción que lo llevó a prisión.
Durante este tercer mandato, logró una caída de la inflación y el desempleo. Sin embargo, los votantes se quejan del alto costo de la vida y están hartos de la delincuencia.
Sus políticas de ayudas sociales se convirtieron en un punto de debate central.
Su rival le acusó de quebrar el país mientras muchos bolsonaristas criticaron un asistencialismo que a su entender corta las posibilidades de prosperar con un trabajo.
Otros defienden su importancia vital.
"Quien ha pasado hambre no se toma a la ligera estos programas", dijo a la AFP Walter dos Santos, de 56 años, en el noreste de Brasil, bastión y cuna del presidente.
Tras el revés de la primera vuelta, Lula rejuveneció su estrategia: se compró su primer celular y grabó videos selfi.
La intensa batalla en las redes sociales involucró a Meta, dueña de WhatsApp, Facebook e Instagram.
La campaña de Lula acusó a la empresa estadounidense de favorecer a su rival mediante una "manipulación algorítmica".
Meta lo negó, pero reconoció errores como la desactivación de anuncios de la campaña de Lula por motivos técnicos, alegó.
Gane quien gane, Brasil afrontará una dura resaca electoral.
"Si gana la izquierda, se enfrentará a cuatro años con un Congreso hostil", afirmó el analista político Thomas Traumann, en alusión a un hemiciclo todavía más conservador en el próximo mandato.
"Si gana la extrema derecha, habrá un gobierno de represalias dirigido contra la Corte Suprema", detestada por la derecha tras condenar a Jair Bolsonaro por el intento de golpe de Estado.